Excerpt for Patuto: Ya Soy Grande by Roberto Avaria, available in its entirety at Smashwords



Patuto: Ya soy grande

A Novel by

Roberto Avaria



* * * * *



Published by Roberto Avaria

Smashwords Editions


Copyright © 2010 Roberto Avaria

Dibujo Portada Copyright © 2010 Roberto Avaria

ISBN: 978-956-332-790-8

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INTRODUCCIÓN

Patuto acaba de cumplir cinco años y ya se siente un adulto y no entiende por qué sus papás no lo dejan hacer lo que quiere. Su inocente lógica y sus disparatadas ocurrencias lo meterán en más de un problema.

Ambientada en una época anterior a los videojuegos e internet, cuando solo bastaba la imaginación para entretenerse.

Una novela llena de aventuras para chicos, que los adultos con alma de niño disfrutarán a carcajadas.

Roberto Avaria, Agosto de 2010









ESTOY DE CUMPLEAÑOS

Hoy día cumplo cinco años y puedo hacer lo que quiera, porque estoy de cumpleaños, pero no puedo salir a jugar porque está lloviendo.

Me gusta mirar la lluvia por la ventana porque veo mi aliento en el vidrio. Veo pasar la gente que se moja con la lluvia. Que tontos, ¿por qué salen si está lloviendo? Deberían quedarse en sus casas como yo.

Tengo una enfermedad mortal. Me quedan pocos días. Tengo bronquitis y la bronquitis es mortal. Me ahogo mucho y puede que deje de respirar.

—Hijo venga a dormir, que hace frío —dijo mi mamá.

Hoy mi mamá me dejó levantarme un rato, porque es mi cumpleaños. Me cubrió con la frazada pequeña, porque tengo que andar abrigado. Camino lento, porque me ahogo.

Cuando mi mamá me llevó al doctor, le dije al doctor que me iba a morir, pero uno tiene que ser grande para morirse. El doctor se puso a reír.

—Doctor, ¿qué herramienta usa para estirar a los niños para que sean grandes? —le pregunté.

El doctor se puso a reír de nuevo. No entiendo a los grandes, se ríen de las cosas serias.

El doctor me puso una cosa helada en la espalda y me dijo que tosiera. Después me pinchó con una aguja para sacarme sangre y me dijo que no me iba a doler, pero si me dolió. El doctor es un mentiroso, no me dolió mucho, pero el doctor me mintió y eso es malo. Mi papá dice que siempre hay que decir la verdad.

¿Por qué hay grandes que no dicen la verdad?

Seguro que al doctor lo van a castigar por decir una mentira. Ojalá no lo regañen mucho.

Hoy puedo comer lo que quiera, porque estoy de cumpleaños, pero mi mamá dice que no puedo comer dulces ni torta, porque estoy enfermo. Hoy cumplo cinco años.

Ayer vino el doctor a visitarme a la casa y le dijo a mi mamá que yo tenía asma. Parece que soy alérgico al pelo de gato y por eso me enfermo tanto. Mi gato se asustó y se fue de la casa. No lo he visto en todo el día.

Mi gato dormía conmigo y ahora no. Mi gato es más viejo que yo. Tiene como ocho años y en edad gato es mucho. Pero en tres años más, lo voy a alcanzar y cuando tenga diez años, le voy a ganar y seré mayor que mi gato.

Mi gato se llama Gato, porque mi mamá siempre le dice así. Mi papá dijo que mi gato no va a volver a la casa por lo que dijo el doctor. El doctor es malo, no quiere a los gatos.

¿Dónde estará mi gato?

Nos quedamos todos ciegos, porque se cortó la luz. Mi mamá fue a buscar una vela, mientras mi papá gritaba cada vez que se pegaba con algo.

Me gustaría ser ciego. Los ciegos ven al revés. En la oscuridad ven, pero cuando hay luz no ven nada. Los ciegos deberían cerrar los ojos de día y así podrían ver bien.

Mi mamá sacó la vela del pastel de cumpleaños y la prendió para alumbrar. Como yo estaba de cumpleaños apagué la vela, pero mi mamá se enojó, dijo que no era chistoso.

Mi papá dijo que un rayo cayó en la casa y nos dejó sin luz.

Los rayos están mal hechos ¿por qué siempre se ve la luz primero y después se escucha el ruido?

Mi mamá dice que la corte con preguntar tanto. La próxima vez que pregunte algo, me va a castigar.

Me mandaron a dormir temprano y eso que puedo hacer lo que quiera, porque estoy de cumpleaños.

No me gusta estar de cumpleaños, porque dicen que puedo hacer lo que quiera, pero no es verdad.

No me gusta estar de cumpleaños, porque adornan la casa con globos y cosas bonitas, pero no me dejan jugar con nada.

No me gusta estar de cumpleaños, porque andan todos apurados y enojados haciendo cosas ricas, pero no me dejan comer nada. Si las cosas ricas son para mí ¿por qué no puedo comer nada?

No me gusta estar de cumpleaños, porque hoy nadie vino a saludarme, porque estoy enfermo.

Como estamos sin luz, me entretengo pensando. Pensar es como hablar con uno mismo, sin mover la boca, así mi mamá no me puede castigar, porque me hago preguntas para dentro y nadie sabe lo que estoy pensando.

Pero, ¿quién me contesta si nadie sabe qué estoy pensado?

Me está dando sueño. Dormir es cuando Dios le pone pausa a uno, igual que a las radios.

Extraño a mi gato ¿Qué estará haciendo... mi... gato...? Mañana lo voy a... buscar...









YA SOY GRANDE

Mi mamá dice que amanecí mejor y me trajo el desayuno a la cama. Me trajo un pan con cecina y la mamadera con leche.

—Cuando te mejores bien, vas a empezar a tomar leche en taza, porque ya eres grande —dijo mi mamá.

¿Pero ayer era pequeño y ahora soy grande?

No entiendo, parece que uno crece de repente y cuando se cumplen cinco años, uno crece un montón.

Es bueno ser grande, porque puedo mandar a los demás y hacer lo que quiera, pero no puedo mandar a mi papá ni a mi mamá, porque ellos son más grandes que yo. Mi mamá me dijo que puedo mandar a mis juguetes y a mi gato. Pero mi gato no está para mandarlo.

¿Dónde estará mi gato? Lo extraño mucho.

Parece que tengo que ser grande como mi papá, para mandar y hacer todo lo que quiera. Mi papá es más grande que mi mamá, por eso la manda. Quiero ser más grande que mi papá para poder mandarlo.

Los gigantes mandan a todo el mundo, pero yo no quiero ser tan grande, porque la comida que hace crecer no me gusta.

Los gigantes tienen que haber comido mucha comida que no les gusta, para ser tan grandes.

¿Por qué hay personas que crecen para el lado y no para arriba?

Mi mamá dice que los gordos comen por dos, por eso engordan. Y si como por dos, ¿aparecerá otro niño igual que yo? ¿Así se hacen los gemelos? ¿Pero cómo se separan para que se queden dos hermanitos? ¿Pero los hermanitos no los trae la cigüeña? No entiendo.

Mi mamá me regañó, porque pregunto mucho.

Cuando como, hago fuerza con el cerebro para que la comida se me vaya a los músculos, para ser igual que los hombres fuertes que salen en la tele.

Mi mamá dice que los porotos dan mucha fuerza. No me gustan mucho, pero me los como igual, para tener mucha fuerza en los brazos. La fuerza tiene olor, cuando como porotos y trato de levantar la mesa del comedor, a veces se me sale la fuerza por atrás.

Los niños crecen, pero los papás no crecen, ellos nacen grandes. Cuando yo nací, mis papás ya eran grandes.

¿De dónde vendrán los papás de uno?









ENCONTRÉ UN ARCO IRIS MUERTO

Como ya me mejoré de la bronquitis, puedo caminar por la casa pero sin agitarme. Mi mamá dice, que puedo salir un rato a la puerta, para que me vuelva el color.

La lluvia está terminando y está saliendo el sol. Siempre que termina de llover, sale un arco iris grande. Mi mamá dice que al final del arco iris, hay un duende que tiene una olla con oro. Es cosa de seguir al arco iris hasta el final para llevarse la olla con oro. Es fácil, pero mi mamá todavía no me da permiso para ir tan lejos.

Cuando mi papá riega el jardín, también aparecen un montón de arco iris más pequeños. Trato de agarrarlos, pero no puedo.

Los duendes que viven en los arco iris del jardín, son muy pequeños. Los duendes grandes le deben pegar a los duendes más pequeños.

Los duendes que viven en los arco iris, se deben parecer a los que viven dentro de los enchufes.

Los duendes que viven dentro de los enchufes son malos. La otra vez traté de sacar a uno de los duendes de un enchufe y me apretó muy fuerte los dedos. Vomité lentejas. Ahora miro los hoyos de los enchufes de lejos. Los duendes de los enchufes son malos.

Mi papá salió a arreglar la citroneta. Dice que bota aceite. Con el aceite se hace mayonesa. Se le ponen unos huevos y se revuelven con un tenedor. No hay que mirar cuando se hace la mayonesa, porque se corta. Por eso cuando le pongo mayonesa al pan, cierro los ojos.

Mi mamá le llevó un jarro con jugo a mi papá. Mi papá le daba besos a mi mamá. Me molesta que mi papá le dé besos a mi mamá. Él tiene a su mamá, ¿por qué mi papá quiere quitarme la mía? ¿Por qué no le va a dar besos a su mamá y deja tranquila a mi mamá, que es mía?

Mi papá es egoísta, quiere tener dos mamás y dejarme a mí, sin ninguna. Mi papá me dijo que la partiéramos en dos, pero le dije que no, porque él se va a quedar con una mamá y media y yo me quedaré con media mamá no más. Pero si tengo que elegir, me quedo con la parte de arriba de mi mamá. Que mi papá se quede con la parte de abajo, que no sirve.

Mi papá salió a probar la citroneta, para ver como quedó el arreglo. Quedó una mancha negra en el suelo, en donde mi papá estaba arreglando la citroneta. Parece que había un arco iris se murió en el suelo y era uno grande.

¿Si se muere un arco iris, también se mueren los duendes que viven dentro?

¿Y la olla con oro, estará dentro de la mancha?

El arco iris me manchó la mano cuando traté de agarrarlo. Fui a buscar una taza, para echar el arco iris muerto.

Eché el arco iris muerto arriba de mi cama para revisarlo.

¿Por qué el arco iris se pone negro cuando se muere?

Debe ser, porque se apagan como las luces. Parece que no viven mucho. Lo probé, pero no me gustó, se debe estar descomponiendo, como los pescados cuando no los meten en el refrigerador. Parece que cuando un arco iris se muere, los duendes que viven dentro, se deshacen.

¿De qué habrá muerto? Yo creo que mi papá lo atropelló, porque estaba debajo de la citroneta ¿Lo habrá matado adrede o fue de casualidad?

Yo creo que fue de casualidad, como la vez que se cayó el florero blanco. Quería saber qué había arriba del mueble del comedor. Fue de casualidad, porque yo no lo toqué, se cayó solo. Pero mi mamá igual me castigo, dos veces, un castigo por botar el florero y el otro castigo por mentiroso ¡Pero yo no bote el florero, se cayó solo!

—¡Hora de almorzar! —gritó mi mamá.

Me senté a almorzar y mi mamá me preguntó por qué estaba tan callado.

—Seguramente estabas haciendo alguna maldad —me dijo.

—No —le dije.

Siempre que estoy callado mi mamá dice que hago algo malo, pero si me pongo a hablar me regaña, porque no me callo nunca. No entiendo a los grandes.

—Límpiate esa mancha negra que tienes en la nariz —me dijo mi mamá.

—Así se pone un arco iris cuando se muere —le contesté a mi mamá y le mostré las manos.

A mi mamá le dio un ataque histérico, como dice mi papá. Seguro que también le dio pena que muriera el arco iris.

Mi mamá me sacó de un tirón del comedor y me lavó las manos con detergente. Con el detergente salió todo lo negro del arco iris. Una vez me sirvieron carne con salsa de tomates y como no me gusta la salsa, lavé la carne con detergente. Quedó con un sabor raro.

Mi mamá me llevó de un tirón a mi dormitorio, para cambiarme la ropa. Cuando miró el arco iris muerto, desparramado sobre de la cama, dio un grito.

Mi papá llegó a ver que pasó y cuando vio lo que hice, se le pusieron los ojos de furia, como los de un chancho viracho. Mi papá me empezó a regañar, pero yo le dije que él atropelló al arco iris y lo mató. Mi papá miró el arco iris muerto un rato, me miró y se puso a reír.

Mi papá es cruel, porque se ríe de un muerto. Eso es malo, le dije que era un “asenino”, porque mató al arco iris con la citroneta, pero mi papá le dio más risa. Mi mamá sí me entiende, porque siguió enojada y regañó a mi papá, porque no le hizo gracia el chistecito. Pero mi papá le dio más risa, hasta que se fue de mi dormitorio.

—Esto no se va a quedar así jovencito —dijo mi mamá enojada—, mientras me cambiaba la ropa y sacaba el cubrecama. Seguro que va a castigar a mi papá.

Pero, ¿cómo lo va a castigar, si mi papá manda?









ESTOY CASTIGADO

Mis papás son malos, mis papás son injustos, me castigaron y estoy en mi dormitorio sin poder salir y con la luz apagada. Mi papá atropelló al arco iris con la citroneta y lo mató y por eso mi mamá me castigó. Más encima mi papá estaba muerto de la risa. No entiendo a mi papá, se ríe de las cosas serias y se enoja por las cosas divertidas, mi gato era el único que me entendía y ahora no está.

Mi mamá me regañó por lo que hizo mi papá y me castigó. Mi mamá es injusta y mi papá es cruel.

Cuando sea grande y tenga hijos, voy a dejar que hagan lo que quieran.

¡Pero si ya soy grande! Entonces, ¿por qué me castigan?

Como ya soy grande, voy a pedirle a la cigüeña que me traiga un hijo para mí. Lo voy a criar y voy a dejar que haga todo lo que quiera, así voy a ser un buen papá. Pero no le voy a prestar mis juguetes, porque son míos. Que mi papá le compre juguetes, para que no tome los míos. Como voy a ser su papá, tendrá que hacerme caso en todo lo que le diga, porque yo mando y soy más grande. Si no me hace caso, lo castigo sin televisión. Si se porta bien le compro chocolates. A mí también me gustan los chocolates, así que le daré un cuadrito nomás y si se porta súper bien, le daré dos cuadritos de chocolate. Le voy a decir a mi papá que me compre hartos chocolates para poder criar a mi hijo. No es fácil criar a los hijos, porque hacen lo que quieren y hay que castigarlos para que aprendan.

Ya no quiero tener un hijo, prefiero tener un hermanito. Así no tendré que darle ningún chocolate, ni prestarle ningún juguete y lo podré mandar, porque yo soy más grande y podré jugar con sus juguetes y con los míos.

Le diré a mi mamá que quiero un hermanito. Mi papá dijo que se moría, si llega otro igual a mí. No quiero que mi papá se muera, pero quiero tener un hermanito.

¿Qué estará haciendo mi gato? No se llevó la caja con arena, no podrá hacer caca.

Me está dando sueño, Diosito está a punto de ponerme en pausa, no tengo fuerzas para rezarle, mañana me pongo... al día y le hago... dos oraciones seguidas...

¿Dónde... estará... mi... ga...to?









FUIMOS AL MERCADO

Qué raro, ayer me acosté con ropa y amanecí con pijama. A veces me pasa, me acuesto con ropa y zapatos y amanezco con pijama. Debe ser un pijama mágico, pero mi mamá me lo quiere cambiar, porque me está quedando chico. Yo no lo quiero cambiar por otro.

Mi mamá me dijo que cada vez que me enfermaba crecía un poco. A lo mejor los gigantes comen acostados y por eso crecen tanto. Cuando me levanto, después de estar varios días en cama, me cuesta caminar. Yo creo que los gigantes son débiles, uno los empuja apenas y se caen.

Como ya no estoy enfermo, mi mamá me llevó a comprar al mercado. Fuimos a comprar las cosas para el almuerzo. No me gusta salir a comprar con mi mamá, porque siempre me lleva de la mano, para que no me pierda. Mi mamá me soltó un rato para sujetar las bolsas con las compras y me puse a mirar dentro del mercado. Dentro del mercado, hay un olor raro. Mi mamá me dijo que es el olor de la carne y del pescado. Mi mamá pasó a comprar huevos a una parte donde hay un montón de pollitos en unas cajas de vidrio.

—Mamá, cómprame un pollito amarillo —le dije.

—No, hijo, los pollitos no sirven de mascotas, se los cría para comérselos —me dijo mi mamá.

—Pero son muy pequeños para comérselos —le dije.

—Por eso les dan maíz, para que se alimenten y crezcan y se conviertan en gallinas —dijo mi mamá.

—Mira, ahí les dan alimento y agua, y esa ampolleta que tienen, es para que se abriguen y no tengan frío —dijo mi mamá.

—Pero, ¿por qué las mamás no están con sus hijos pollos? —le pregunté.

—Porque las mamás gallinas, tienen otras cosas que hacer, por eso los pollitos viven en esas cajas de vidrio —dijo mi mamá.

—Pero si crecen mucho, no van a caber todos los pollitos en la caja de vidrio —le dije.

—Cuando están grandes los faenan para comérselos —dijo mi mamá

—Entonces matan a los pollitos —le dije.

— ¡No, no los matan! Y déjate de preguntar tanto —dijo mi mamá enojada.

—¿Y los pollitos salen de esos huevos? —le pregunté, mientras mi mamá guardaba una bandeja con huevos.

—¡Sí! No me vuelvas a preguntarme nada más, porque no te voy a contestar —dijo mi mamá muy enojada.

Mi mamá siempre se enoja cuando le pregunto mucho, pero mi papá no se enoja. Mi papá siempre me dice que cualquier cosa que no sepa, pregunte. Entonces, ¿ por qué mi mamá se enoja? No entiendo a los grandes, dicen una cosa y después se olvidan de lo que dijeron y me regañan.

Cuando llegamos a la casa, le saqué a mi mamá un huevo de la bandeja y me lo llevé a mi dormitorio. Voy a criar un pollito y voy a ser su papá y no lo van a faenar. Lo dejé bien arropado con un jersey y le prendí la lámpara del velador, para que se abrigue.

—Mamá, ¿cuánto se demoran en nacer los pollitos? —le pregunté a mi mamá.

—No sé, hijo. Ahora que me acuerdo, voy a ir a reclamarle al casero, me vendió una bandeja y le faltó un huevo —dijo mi mamá.

Mi mamá hizo de almuerzo, salchicha con arroz y huevo frito, dijo que no quería cocinar y haría algo rápido. Me encanta que mi mamá haga cosas rápidas, porque son todas las cosas que me gustan.

—¿Mamá? ¿De los huevos fritos también salen pollitos? —le pregunté.

—No, hijo, los huevos fritos ya están cocinados, con el calor se mueren —dijo mi mamá.

—Pero en la caja de vidrio había una ampolleta que les daba calor —le dije.

—Pero tiene que ser poquito calor, para que se abriguen los pollitos y no se cocinen —dijo mi mamá.

—Ahhh, entonces los pollos asados reciben mucho calor y se mueren y les sale un olor rico —le dije.

—Sí, hijo —dijo mi mamá riéndose.

Me acosté y puse el huevo a mi lado, para que se abrigara bien. Lo arropé con el jersey y me quedé dormido.

Parece que me hice pipí de nuevo, porque sentí la cama mojada. Fui a ver el huevo y estaba reventado en la cama. Parece que me moví mucho en la noche. Limpié el huevo reventado con el jersey, para que mi mamá no me castigue de nuevo.

No pude ver nacer al pollito, pero en el refrigerador había hartos huevos, así que saqué dos huevos, por si se me revienta uno, así tendré un pollito de repuesto. Los arropé bien con el jersey y les puse la lámpara y le dejé un vaso con jugo y arroz que quedó de ayer.









MI PAPÁ TRABAJA EN LA LUNA

Hoy, mi papá se tiene que ir a trabajar a la luna. Lo fuimos a dejar al terminal de buses y después mi papá se fue a la luna. Mi papá es millonario, porque siempre que vuelve de la luna, llega con un montón de dinero. A mí me da siempre una moneda, que guardo en el tarro para guardar monedas. Mi papá es millonario, pero siempre dice que no le alcanza el dinero.

Si es millonario, ¿por qué no le alcanza el dinero?

Si yo tuviera el dinero que le dan a mi papá, me compraría un montón de dulces y bebidas y chocolates y galletas y le compraría una botella llena de gasolina a mi papá, para que me lleve en la citroneta, a pasear a la playa todos los días. Le mandaría a arreglar los riñones a mi mamá, que siempre le duelen y le pagaría a un detective para que encuentre a mi gato.

Mi gato, ¿dónde estará mi gato? Extraño a mi gato.

¿Y si lo faenaron igual que los pollos? Pero los gatos no se comen ¿Y si un perro se comió a mi gato? Pero los gatos tienen un montón de vidas y cuando la vida de un gato se muere, se va al cielo de los gatos y quedan las otras vidas tristes, hasta que se les pasa y siguen viviendo dentro del gato. Mi gato no tiene ningún número, así que debe tener todas las vidas metidas en el mismo gato.

El cielo de los gatos está lleno de gatos, pero si hay puros gatos, ¿quién les da de comer?









FUIMOS A VISITAR A MI TÍA MARÍA

Mi mamá, me puso ropa limpia y me peinó, porque iremos donde la tía María.

—Mamá, habla con un detective para que encuentre a mi gato —le dije—. Mi mamá sonrió y me hizo cariño en la cara.

—Hijo, el gato se fue a otra casa —dijo mi mamá.

—Pero aquí le damos comida rica y yo le hago cariño y duerme conmigo y mi gato me quiere y yo lo quiero, ¿por qué se fue? —le dije—. Estuve a punto de llorar, pero me aguanté.

—No sé, hijo, son cosas de gatos, ¿quieres un chocolate para que se te pase la pena?

—Bueno, pero un chocolate entero —le dije a mi mamá.

—Bueno —me contestó.


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